Cada vez que aparece un nuevo avance en cualquier campo se producen dos reacciones totalmente contrarias. Los que ven en él la panacea, la solución a todos los problemas anteriores y un mundo lleno de posibilidades, y los que lo ven como una auténtica amenaza, bien por miedo, por desconocimiento o por romanticismo.
Sucedió con la llegada del coche frente al caballo, con la del ordenador frente a la máquina de escribir, el CD frente al vinilo, los ipods frente a los CDs… E incluso con la propia medicina genética. Ahora la mayoría de nosotros conducimos coches, escribimos con ordenador, oímos música en ipods y nos congratulamos de que el cordón umbilical de Javier (seleccionado genéticamente) haya salvado la vida de su hermano Andrés. Nada nuevo bajo el sol.
Los libros no son una excepción. Los románticos del libro se aferran a él, como un niño se aferra a unos zapatos que ya le están pequeños, pero que se empeña en no tirar a la basura para comprarse otros nuevos igual de bonitos o quién sabe si más. Pero el caso es que el libro electrónico ya es una realidad y su implantación en el mercado es cuestión de tiempo. ¿Cuánto? Probablemente menos de lo que pensamos.
En este nuevo Anaquel hemos estado con Ignacio Latasa, director de Leer-e, la mayor distribuidora de e-books de España, y nos ha roto unos cuantos mitos entorno al libro electrónico. Porque, como él dice, en las palabras libro electrónico, la palabra importante es libro, no electrónico. Lo que cambia es el formato donde se lee, no el contenido, que sigue siendo el mismo. Parafraseando a Shakespeare, ¿Qué importa un nombre si lo que llamamos rosa seguiría teniendo la misma fragancia con otro nombre?
El libro electrónico no es un diablo con cuernos y rabo que vaya a acabar con la literatura, todo lo contrario, el libro electrónico está aquí para facilitar la lectura, igual que los aviones facilitan los viajes o los ordenadores facilitan el aprendizaje.
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