Es algo que poco importa. Porque aunque suene a tópico, cuando uno termina de escribir una obra y la pone en manos de sus lectores, deja de ser suya para pasar a ser del resto. De cada una de la personas que decide hojearla.
También un autor es lector y probablemente hace sus propias interpretaciones de las obras. Así que uno ni tiene, ni puede exigir ese tipo de responsabilidad al lector.
Y por fin la gran pregunta, esa con la que un escritor no quiere enfrentarse, a la que no quiere mirar a los ojos… ¿Existe un miedo a poder dejar de escribir? ¿A no ser capaz de poner una nueva palabra en el papel en blanco?
Para finalizar, mejor dejar la partida en terreno de nadie y firmar unas dignas tablas. ¿Hay algún secreto para escribir una novela? Parece que por lo menos Martín Casariego si lo tiene para escribir un buen diálogo, como lo demuestra en su última novela, el reciente Premio de Logroño de Narrativa, La jauría y la niebla.
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