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ULTIMOS capitulos...
Partida 12 Parte 2/3
Marías vs Beccaría
Fecha de emisión: 30/04/2009
Partida 12 Parte 2/3
Marías vs Beccaría
Partida 12 Parte 3/3
Marías vs Beccaría
Fecha de emisión: 30/04/2009
Partida 12 Parte 3/3
Marías vs Beccaría
Partida 12 Parte 1/3
Marías vs Beccaría
Fecha de emisión: 30/04/2009
Partida 12 Parte 1/3
Marías vs Beccaría

Partida 8 Parte 3/3 - Racionero vs Liaño

Comenzamos esta tercera y última parte de En Jaque con el eterno cuestionamiento del arte. ¿Qué es y qué no es arte? ¿Dónde reside la verdadera esencia del arte? Aunque quizá cuestionarse esto sea una argumentación falsa y engañosa. Porque igualmente, ¿quién decide lo que es arte? Quizá la verdadera medida del arte nos la de el tiempo, lo que permanece y lo que es vacuo. Pero desgraciadamente no nos vale como listón donde situar el arte, ya que, a diferencia del arte, nosotros somos temporales.

La revolución francesa y la revolución industrial como final de la civilización. A partir de ahí surge lo que Ignacio califica como la Era de los Titanes. También el nacimiento de las vanguardias, que no dejan de ser movimientos burgueses menos transgresores de lo que ellos pretenden.

Volvemos al origen de la conversación entre estos dos grandes pensadores y a la necesidad de recuperar la imaginación. De aquí nuevamente a la recuperación de la democracia como el menos malo de los regímenes políticos y al ilusionismo como forma de sostener el mundo contemporáneo, según el vanguardismo. Que es lo que nos ha llevado a la postre a la crisis económica.

Tiburones en formol, mercados de valores y el inversor Bernard Madoff son un buen final para esta gran partida.

Rodado íntegramente en el Hotel De Las Letras. www.hoteldelasletras.com

Todos los jueves. Sólo en Literalia Televisión.


Comentarios

CONSTAN FERNÁNDEZ ha escrito el 21 de Junio de 2011 a las 19:9
MI MIRAMIENTO A CARMEN POSADAS.

"DAMA Y AMA"

Carmen, tu belleza sutil,
Tú inteligencia afilada,

Cúan serían los hombres
Que al verte garbosa, les desgarras, escritora, dama.

Dama, más que ama.

Dama, tú eres dueña de palabras,

Enamoras con tu dadivosa alma.
CONSTAN FERNÁNDEZ ha escrito el 24 de Febrero de 2010 a las 9:7
"Haití"
A vista de pie
¡Que calamidad!
Destrozos volando, mientras me acerqué.
… llantos afligidos.
Un niño gritaba
"ven a mi mamá".
Quiero ser la luna o, quizás la muerte, no sentir jamás
Lo que vi, en Haití
Nunca olvidaré; Todo eran penumbras del país fatal
Constan Fernández
CONSTAN FERNANDEZ ha escrito el 18 de Febrero de 2010 a las 22:27
"UNA MUJER DESNUDA " LOLA BECCARIA
Cuando leí una mujer desnuda, me quedé impresionada.
Como Martina describe el afecto que desprende hacia los demás. La protagonista juega, se divierte, baila y retrata. Desea ser el centro de atención.
Martina lo tiene todo: una gran familia de clase alta, adinerada,... pero se siente sin afecto.
La impotencia de su padre al privarla de cariño, hace que se sienta insegura.
Cuando se orina, como cualquier niña de su edad, los padres lo ven como algo feo y malo.
Su padre pasa a ser su juez, su verdugo…)
ANGEL R ha escrito el 18 de Diciembre de 2009 a las 9:57


(EMIGRACIÓN)
Cuando llegó la carta de mi hermano Antonio, reclamándome para emigrar a Cuba, mi corazón palpitaba a mil por hora. Corría el año mil novecientos cincuenta. Todo era pobreza, miseria, en casa estábamos sin recursos. Tenía el pelo lleno de parásitos, mi madre me lo frotaba con gasoil, no teníamos otro recurso.
¡Qué pestazo! lo lavaba pero no se quitaba el maldito olor; así que leía mi carta y las palabras de cariño donde en un breve párrafo mi hermano me daba cobijo, me resultaban alentadoras.
Con el permiso de mis padres prepare el baúl. Estaba ilusionada. Como sería Cuba, me echaría novio.... nunca había tenido, era muy joven, dieciocho años. En el corral de la casa de mis padres, me despedí sollozando, mi madre me regaló una medalla para que rezara allí. Donde también se practicaba el catolicismo y una lindísima toquilla, me refugiaría del frió en mi viaje en barco.
Seria una emigrante ausentada de mis padres, tenía miedo, Llegó el día del viaje....
El paraje iba cambiando, distinto al de Valladolid, me traslade en tren hasta el sur... llegue al mar, donde un enorme barco me estaba esperando. ¡Era grande! jamás había subido a uno y me emocioné. Con la tarjeta de embarque en la mano un señor con voz tirana.
Decía: ¡pasajeros al barco! entre abrazos, escríbeme y no me olvides, nos íbamos empujando hasta que nos acomodamos.
Me sentí triste y con melancolía, tenía ganas de llorar, creo que hasta de tirarme al mar. A mi nadie me había dicho esas cosas tan bonitas, estaba sola.
Después de una semana en barco comencé a establecer conversación con los pasajeros, por la noche montábamos jarana, siempre estaba el simpático de turno con el cante andaluz, la comida era malísima, pero sin darle importancia .Lo único que buscaba eran ojos de muchachos gallardos de algunos de los que merodeaban por allí.
En cubierta, con la humedad en la cara se me estropeo el cutis, no llevaba nada para pretejerle. Agarrada a la barandilla veía pasar los días, el viaje seguía, mientras yo perdía peso.
Cada vez que me asomaba al estribor para ver las noches tristes frías y monótonas, el mar me mareaba y vomitaba todo lo que tenia en mi estomago.
América no se divisaba, me cobijaba con la toquilla que mi madre me había regalado, era de color negro con un inmenso alfiler plateado, la verdad es que me hacia más mayor, más mujer.
En el camarote soñaba con mi nueva vida y sobre todo ganar pesos muchos pesos para mandar a mi casa y sacarles de la pobreza. Creo que era el sueño de una niña rica. Una brujita jugando a ser princesa.
Quedaba poco para llegar al archipiélago .El Caribe me esperaba, estaba muy emocionada .Después de tantos días, me sentía encariñada con los compañeros de travesía, lo estaba pasando bien.
Por fin llegamos a Cuba, mi hermano y su mujer me estaban esperando. Con un efusivo abrazo me dijeron lo guapa que estaba a lo que sonreí airosa. En el trayecto hacia la casa todo era como lo había imaginado, muchos mulatos que me miraban abismados y un paisaje muy novedoso para mi, donde los hombres vestían de color blanco y las mujeres vestidos muy floreados que a mi me parecían preciosos y estaba deseando lucir.
Tenía un trabajo como sirvienta en una casa. En Cuba se vivía bien. Yo no sabía hacer nada pero estaba dispuesta a todo, aprender sería mi meta. En la casa, la señora me ordeno vestir un uniforme muy raro, que yo no había visto nunca pero que parecía decente o por lo menos el señor, su marido no se fijaría en mí.
Me mando cocinar aquellos platos tan extraños como el cerdo a la vara, arroz con legumbre, caldo de fréjoles y mucho maíz.
Pronto aprendí a cocinar y hasta me gustaba. La señora estaba contenta y me decía que era muy limpia, me sentía alagada.
Cuando salía de paseo los muchachos me piropeaban, eran más ardientes que los españoles. Mi hermano me presento muchachas de mi edad para ir de de rumba como se decía en mi tierra.
Los bailes distintos a los de mi tierra no sonaba las letras de Valladolid como el "paso doble" ni la "rumba catalana", todo era "cha, cha cha" y mucho "mambo" muy divertido y sexual. Se tomaba bastante alcohol, ron y el exquisito mojito que tan sabroso estaba, como decíamos todos terminábamos de juma: borrachera.
Cambie la manera de vestir por un atuendo mas atrevido con tonos mas floreados, me recogía el pelo con flores, parecía mas mujer y tenia ganas de ser valorada .cuando cobre el primer salario no se la cantidad por aquel entonces era analfabeta y no me avergüenzo el contarlo . Corrí y se lo entregue a mi hermano que muy satisfecho me dio una palmada en el hombro y con una sonrisa parsimoniosa me Dijo: No pierdas la honradez nena. A mí esas palabras me entristecieron me recordaban a las de mi madre.
No me entregaría a nadie y menos en tierra extraña. Estaba emigrando para ganar dinero, para ayudar a mis padres.
Con el dinero mandamos un fardo donde enviábamos ropa y alhajas en casa todas valían. Mamá estaría encantada...
Cuando pase por la Calle en el túnel el la línea de la Habana me emocioné había visto artículos en los periódicos.
A los pocos días conocí un mulato una de las razas que provienen de allí. Se llamaba Leonel era altote y siempre vestía con ropas de algodón, bien lindas, le miraba desde abajo con sus interminables piensas me gustaba como hablada cosas como ven tata. A mí los españoles se me quedaban estrujados, sin jugo desaboridos.
Después , de la jarana llegaba a casa acalorada por la exaltación de lo vivido, demasiadas emociones. Desde una esquina me miraba otro galán; con los días se convirtió en un amor furtivo, miradas y sonrisas que nos unía nadas más.
Trabajaba en lo que la señora me ordenaba y Cuba para mi era la evolución del mundo, lo que nunca había visto, pero si que había soñado .Paseaba por las calles llenas de palmeras, siempre hacia calor, los edificios muy grandes y vistosos distintos a los de Valladolid.
Todo me gustaba. Leonel en las jaranas, no paraba de mirarme me decía" que rutina tienes hoy", no le entendía muy bien hasta que aprendí el significado y comprendí su galantería. Me brindaba con refrigerados de la isla .Los que me hacían subir el calor.
Por fin , una noche tímidamente entre besos y caricias, me entregue a Leonel. Todo fue como de arte muy apasionado creí enloquecer. Si mi madre supiera que me había dejado con un negro me mataría.
Con el tiempo rompí con el y descubrí otros amores regrese a España acaudalada, toda una mujer .En Cuba descubrí el amor, el placer y como me arroparón con cariño.

Constan Fernádez








ha escrito el 11 de Diciembre de 2009 a las 19:1
HAMMADI " MI SEGUNDO CORAZÓN"

Después de ver un anuncio en la prensa donde decían:" Un grupo de niños saharauis vendrán a nuestra ciudad en plan de acogida esperando tierra fértil ".
¡Se nos encogió el corazón!
¿Cómo será acoger a un niño?, ¿Estaríamos preparados para ser padres nuevamente? Nuestro hijo tenía por entonces nueve años. Sería para él como un hermano, alguien importante en la familia.
Comenzamos a iniciar los preparativos. Las condiciones eran: Nunca suplantar a los padres biológicos. Nosotros seriamos solamente, los padres de acogida.
¡Nos conmovimos! Eran niños con otra cultura, su familia había sido excluida de Marruecos hacia el Sahara Argelino en El Aaiún. La ciudad más importante del Sahara occidental, hace más de veinticinco años. Viven como pueden en jaimas y algunos en tiendas de campaña.
Sería un verano muy distinto para él, sin el asfixiante calor. Donde en el Sahara se alcanzan temperaturas de hasta cincuenta grados.
¡Por fin, llegó el anhelado día! En el aeropuerto todo era jaleo, ruido, murmullos y miradas de dolor y emoción. Hammadi se presentó ante nosotros como un ángel de Dios. Cuando le vislumbré entre tanto niño, observé tanta miseria, que me eché las manos a la cabeza y exclame: ¡Qué hermoso niño! Nos abrazamos a
él él y comenzamos a llorar.
Él nos miro,....quedándose algo asombrado quizás por las muestras de afecto hacia él. En ese momento pensé: ¡Dios mío perdóname, pero hoy me siento de Alá!
Era todo maravilloso y fantástico, pues tenía la misma edad que mihijo.
El atavío que traía era sucio y descuidado. Suponía que las condiciones en donde vive no son muy favorables, viviendo en un desierto, en tierra de nadie. ¡UN AUTENTICO INFIERNO!
En el hogar después de una suculenta comida, le sumergí en la bañera, jugueteó, con el agua hasta que La piel se le encharcó y con un buen corte de pelo Hammadi parecía otro.
Nos obsequió con regalitos: té, dátiles abalorios, una preciosa melhfa y el shador. Cuando me vestí de saharaui. Me sentí como una princesa, protegida y de su tierra.
Aunque le pedía al corazón que me durmiera, el sueño no me tentaba. Salí de mi habitación y velé el sueño de Hammadi que descansaba feliz junto a mi hijo. Eran noches muy felices. Otro corazón en mí.
Por la noche en la camita se acurrucó en posición fetal como que estaba en la colchoneta, y con los suyos al lado. Era el mes de Julio, la noche era espléndida. Mil estrellas en el cielo duermen con la boca abierta esperando que las cojan, esperando que las quieran. Yo tendré, dos horizontes y partiré entre dos tierras, daré todo lo que tengo y lo repartiré entre ellas. Todo será distinto. Por que parto de dos tierras, El Sahara me llama y le respondo en promesas.

En rumbo hacia otro país. Donde el desierto es terriblemente abrasador, infernal. Y los pozos de agua escasean y el alimento más.
Quería desaparecer por completo con Hammadi. Estar con él sudando y respirando fuerte a su lado, abrazándole en el desierto. Ese desierto rudo, inhóspito, en el que la vida lucha con todo lo que tiene, por pasar un día más. Ese desierto que tantos han tentado y tan pocos han vencido.
Comencé a soñar, era una humilde súbdita. Las botellas con el agua que llevaba se acabaron en unos minutos y el optimismo de encontrar un pozo o alguna estación de servicio se iba desvaneciendo poco a poco. Afortunadamente encontré una casa escondida en la arena y como pude les pedí algo de agua. Luego después muchas horas, que se me hicieron un verdadero suplicio, llegué a Hammadi y me llevo a su Jaima. Allí estaba su madre......esperándome con un té helado.
Desperté, asustada y pensativa.
¡Ah, la ingenuidad!... ¿cómo iba a estar el té helado en el desierto?.
Mi cabeza pensaba...es difícil...
¡Pobres niños!, solamente sobreviven con la ayuda internacional, que las almas les envían. Su lenguaje nativo es el árabe, aunque el castellano pronto domino. Yo tendré, dos horizontes y partiré entre dos tierras, daré todo lo que tengo y lo repartiré entre ellas.
Pronto se amoldó a mi tierra, mi hogar era suyo, lo regale todo, por una sonrisa que nada me cuesta. Sus ojos me miran y yo me reflejaba en ellos. Solo esperaba una respuesta.
Estaba maravillado, agua a chorros, la luz eléctrica, los pájaros, las flores, los árboles. Todo verde, ¡España era vida!
Sentía que tenía dos soles, uno se gestó en mi vientre y el otro entro en mi interior como un rayo de colores. Cuando nos sentábamos a comer, Hammadi decía: la cabri la cabri ( cabra) era su manjar exquisito .La carne tipica de su país .
Los días transcurrían muy deprisa y el que mejor se lo pasaba erami hijo. Con los ojos como platos mirábamos a Hammadi como aprendía a nadar, a montar en bicicleta, navegaba en Internet y un largo etc.
Como montaba en la bici que le regaló, su orgulloso papá. Porque he de reconocer que el papá hizo un labor tan importante como la mía.
Nos contaba anécdotas de su país.
Nos explicó lo mal que lo pasaba con la llegada de los vientos arílicos (tormentas de arena). Huracanada que se les metía por todos los rincones, el cielo se ponía muy oscuro . Y empieza el viento a soplar fuerte. La arena empieza a golpear durísimo y todo se cubre por completo de polvo nos decía: ver es imposible, a veces nos ponemos gafas de sol. Sólo se escucha el aliento demi padre.
Pensé, un desastre con lo bien que vivimos en España...y así supe se su familia . Su Padre se llamaba Hafd. Un hombre alto, con clase y que parecía tener mucha personalidad. Se había casado de segundas nupcias.
Por que la madre de Hammadi había fallecido en el alumbramiento. Según contaba el niño, era una gran mujer. Y Hammadi tenía una segunda madre a la cual el mucho quería.
Le gustaba caminar descalzo y no se acostumbraba a los zapatos. Se quejaba de que tenía frío, no era de extrañar dada la diferencia de temperatura con su tierra.
Las mujeres del Sahara comienzan el día orando y así posteriormente, amasan el pan y preparan el té. Eran distintas a mí. Pero Hammadi me respetaba.
Llego el terrible día de la despedida y preparamos el equipaje.
En el Sahara todo tiene utilidad: medicamentos, comida, ropa. Le cosimos un dinero a la ropa que llevaba puesta. Todo entre abrazos y sollozos.
Todos estaban en fila. Hammadi quería ya partir. Sus padres le esperaban. ¡Abrázame fuertemente como la tierra y el sol! Estaremos siempre juntos dentro de mi corazón.
y comenzamos a llorar.
Él nos miro,....quedándose algo asombrado quizás por las muestras de afecto hacia él. En ese momento pensé: ¡Dios mío perdóname, pero hoy me siento de Alá!
Era todo maravilloso y fantástico, pues tenía la misma edad que mi hijo.
El atavío que traía era sucio y descuidado. Suponía que las condiciones en donde vive no son muy favorables, viviendo en un desierto, en tierra de nadie. ¡UN AUTENTICO INFIERNO!
En el hogar después de una suculenta comida, le sumergí en la bañera, jugueteó, con el agua hasta que La piel se le encharcó y con un buen corte de pelo Hammadi parecía otro.
Nos obsequió con regalitos: té, dátiles abalorios, una preciosa melhfa y el shador. Cuando me vestí de saharaui. Me sentí como una princesa, protegida y de su tierra.
Aunque le pedía al corazón que me durmiera, el sueño no me tentaba. Salí de mi habitación y velé el sueño de Hammadi que descansaba feliz junto a mi hijo. Eran noches muy felices. Otro corazón en mí.
Por la noche en la camita se acurrucó en posición fetal como que estaba en la colchoneta, y con los suyos al lado. Era el mes de Julio, la noche era espléndida. Mil estrellas en el cielo duermen con la boca abierta esperando que las cojan, esperando que las quieran. Yo tendré, dos horizontes y partiré entre dos tierras, daré todo lo que tengo y lo repartiré entre ellas. Todo será distinto. Por que parto de dos tierras, El Sahara me llama y le respondo en promesas.

En rumbo hacia otro país. Donde el desierto es terriblemente abrasador, infernal. Y los pozos de agua escasean y el alimento más.
Quería desaparecer por completo con Hammadi. Estar con él sudando y respirando fuerte a su lado, abrazándole en el desierto. Ese desierto rudo, inhóspito, en el que la vida lucha con todo lo que tiene, por pasar un día más. Ese desierto que tantos han tentado y tan pocos han vencido.
Comencé a soñar, era una humilde súbdita. Las botellas con el agua que llevaba se acabaron en unos minutos y el optimismo de encontrar un pozo o alguna estación de servicio se iba desvaneciendo poco a poco. Afortunadamente encontré una casa escondida en la arena y como pude les pedí algo de agua. Luego después muchas horas, que se me hicieron un verdadero suplicio, llegué a Hammadi y me llevo a su Jaima. Allí estaba su madre......esperándome con un té helado.
Desperté, asustada y pensativa.
¡Ah, la ingenuidad!... ¿cómo iba a estar el té helado en el desierto?.
Mi cabeza pensaba...es difícil...
¡Pobres niños!, solamente sobreviven con la ayuda internacional, que las almas les envían. Su lenguaje nativo es el árabe, aunque el castellano pronto domino. Yo tendré, dos horizontes y partiré entre dos tierras, daré todo lo que tengo y lo repartiré entre ellas.
Pronto se amoldó a mi tierra, mi hogar era suyo, lo regale todo, por una sonrisa que nada me cuesta. Sus ojos me miran y yo me reflejaba en ellos. Solo esperaba una respuesta.
Estaba maravillado, agua a chorros, la luz eléctrica, los pájaros, las flores, los árboles. Todo verde, ¡España era vida!
Sentía que tenía dos soles, uno se gestó en mi vientre y el otro entro en mi interior como un rayo de colores. Cuando nos sentábamos a comer, Hammadi decía: la cabri la cabri ( cabra) era su manjar exquisito .La carne típica de su país .
Los días transcurrían muy deprisa y el que mejor se lo pasaba erami hijo. Con los ojos como platos mirábamos a Hammadi como aprendía a nadar, a montar en bicicleta, navegaba en Internet y un largo etc.
Como montaba en la bici que le regaló, su orgulloso papá. Porque he de reconocer que el papá hizo un labor tan importante como la mía.
Nos contaba anécdotas de su país.
Nos explicó lo mal que lo pasaba con la llegada de los vientos arílicos (tormentas de arena). Huracanada que se les metía por todos los rincones, el cielo se ponía muy oscuro . Y empieza el viento a soplar fuerte. La arena empieza a golpear durísimo y todo se cubre por completo de polvo nos decía: ver es imposible, a veces nos ponemos gafas de sol. Sólo se escucha el aliento de mi padre.
Pensé, un desastre con lo bien que vivimos en España...y así supe se su familia. Su Padre se llamaba Hafd. Un hombre alto, con clase y que parecía tener mucha personalidad. Se había casado de segundas nupcias.
Por que la madre de Hammadi había fallecido en el alumbramiento. Según contaba el niño, era una gran mujer. Y Hammadi tenía una segunda madre a la cual el mucho quería.
Le gustaba caminar descalzo y no se acostumbraba a los zapatos. Se quejaba de que tenía frío, no era de extrañar dada la diferencia de temperatura con su tierra.
Las mujeres del Sahara comienzan el día orando y así posteriormente, amasan el pan y preparan el té. Eran distintas a mí. Pero Hammadi me respetaba.
Llego el terrible día de la despedida y preparamos el equipaje.
En el Sahara todo tiene utilidad: medicamentos, comida, ropa. Le cosimos un dinero a la ropa que llevaba puesta. Todo entre abrazos y sollozos.
Todos estaban en fila. Hammadi quería ya partir. Sus padres le esperaban. ¡Abrázame fuertemente como la tierra y el sol! Estaremos siempre juntos dentro de mi corazón.
Constan Fernández





ANTONIO ha escrito el 10 de Diciembre de 2009 a las 18:55
Era hombre de dinero, creía que tenía mujer. Era de aquellos de los que las mujeres llamaban "es uno de gran nivel". Me embriagaba y me embriagaba, hasta sentirme joder.
Bueno en el trabajo. El apellido Sánchez. Y el vino, Ribera de Duero crianza, me hacia venerar la tierra.
¡Como me gustaba el vino! No le bebía, le besaba. Le besaba, como un hombre besa a una mujer, cuando la ama. Acariciando su cuerpo, sintiendo el ardor que desprende su aroma, su acidez de locura y de placer.
Mi vida se truncaba día a día en las cantinas, me perdía la soledad. Me mataba, el refugio del calor del tinto, que tanta adoración tenía.
Cuando iba al retrete, bastante ebrio, sentía pena, rabia y amargura, sentía que me desvanecía. Me tenía que sujetar en el arandel de la escalera. Sintiendo a la par, sin llegar a ruborizarme, que me caía. Tenia que ser fuerte, el vino me daba fe.
Amante de mi ciudad, de mi trabajo, los clientes me asedian: -¡Buenos días, buenas tardes, buenas noches!, ¡Todavía! Exclamaciones que la gente hacia y que mi mente presumía.
Mi mujer, siempre seca y fondona, no me quería. Solo me daba el cuerpo, cuerpo sin vida. Era un cuerpo sin amor. El amor de los años, el amor de la vida. Yo buscaba un consuelo y quizás una vida o quizás un aliento,... el aliento de vida, el aliento del vino, del vino del día.
El otoño se aproximaba. Comenzaban los vendimiadores su duro trabajo. Yo mientras buscaba refugio en el abrazo del vino, el cual era ardiente como el anhelado sol del verano.
Me gustaría despertarme dormido en otras manos, sintiendo el susurró del río Pisuerga que me apoyaba y latía conmigo. Quería beber y beber otra copa de vino, sintiendo baladas y la copa conmigo. Ella me chillaba, me negaba, me humillaba, no me da lo que buscaba en otros caminos. No sentía, no placía, no gemía, no sabia el sabor que sentía con el vino.
Una copa, dos copas, tres copas, empezaba a sentir. Quizás esta noche, la muñeca sería mía. La miraba, me miraba y sonreía. -¿Qué sería de la cantina sin vosotros?, decía. -No te sientas vulgar en la noche, ni te sientas vulgar en el día, vales más que un sultán. Eres digno de tenerte hombre, hombre de sabiduría .Las palabras de la jovenzuela me llenaban de cortesía.
Triste y desapacible mirando el contorno de la jarra, el abatimiento.






Por la mañana, tras un opíparo desayuno, me dirigí a la ciudad. Cansado, sucio y sin ganas de nada, el vació se apoderaba de mi. Otra vez sentía sed, sed de la vida .Entré en la cantina sucia y ahumada. Allí, en la taberna no sentía el vació de vivir, la muchacha sonreía picara. Su conversación sutil, no me importaba, con su sonrisa bastaba.
Comencé a beber junto a mi primo Luís, siempre le he querido mucho. Empinábamos el codo hasta perder la gravidez y comenzábamos a flotar y a decir alguna que otra ordinariez.
Despuntaba con la bebida, el alcohol me sobresalía. En un escondrijo me refugiaba de la vida en el silencio de la noche, no podía más. Todo me atormentaba: los ruidos, los murmullos, que más da....
La dura piedra de la calle hacia que arrastrara todo lo que quedaba de mí. No obstante, pude caminar hasta la casa. Entre la luz de mi mente, desolándose conseguí llegar. Sentí las manos desmayadas, a la luz de la luna. Ella me iluminaba, guiándome hasta el hogar, con su cara de mujer.
En el hogar, me calenté con el fuego que desprendía la lumbre. Mi mujer me sacaba de quicio. Yo no sé lo que quiero, ni sé bien quien soy, me siento algo sólido.
Me gustaría que la muchacha bailará al compás de mí, tomando cantando y riendo. Me encontraba tan mal, de haber tomado tan rico vino, que prepare una pócima y sorbo a sorbo me la tome.
Entre otras cosas, no soportaba el humo del viejo candil. La casa sin ser antigua, estaba muy recargada. En la entrada, la puerta maciza de roble oscuro, de un palmo de ancha, cuyos cerrojos chirriaban agudamente, causando algo de espanto. En el dormitorio, el tocador de caoba con enseres de plata, quitando todo el hedonismo, hasta hacer que los detestara.
Cuando bebía el rico vino entraba calor y aunque hacia frió, dada la época del año, me quedaba únicamente con el jubón. Pasaba a tener algo de alegría, tarareando alguna que otra canción

Hizo que me sentara rígidamente en el escañil. Bebí la sangre de Cristo. Ya era un calvo prematuro, ¡Que feo! en la oscuridad me sentía, algo mansurrón.
En las bodegas, miraba la labor de asediar el vino. Sus barricas grandes de madera, cada una con su nombre, donde miraba y saboreaba a la vez que aprendía a catar.
Oí voces en el exterior, no eran más que murmullos de niños.
Había asaltado un codillo, despedazándolo con mis manos, saboreando la sabrosura del hueso y la carne salada. Con ello, había aumentado mi sed. Y aumenté la cantidad de consumo de vino. Entre paseos solemnes que no me llevaban a nada, me quedé en la bodega enroscado en un manta, profundamente dormido.
Por la mañana, tras un opíparo desayuno, me dirigí a la ciudad. Cansado, sucio y sin ganas de nada, el vació se apoderaba de mi. Otra vez sentía sed, sed de la vida .Entré en la cantina sucia y ahumada. Allí, en la taberna no sentía el vació de vivir, la muchacha sonreía picara. Su conversación sutil, no me importaba, con su sonrisa bastaba..
Comencé a beber junto a mi primo Luís, siempre le he querido mucho. Empinábamos el codo hasta perder la gravidez y comenzábamos a flotar y a decir alguna que otra ordinariez.
Despuntaba con la bebida, el alcohol me sobresalía. En un escondrijo me refugiaba de la vida en el silencio de la noche, no podía más. Todo me atormentaba: los ruidos, los murmullos, que más da....


Mi mente, desolándose conseguí llegar. Sentí las manos desmayadas, a la luz de la luna. Ella me iluminaba, guiándome hasta el hogar, con su cara de mujer.
En el hogar, me calenté con el fuego que desprendía la lumbre. Mi mujer me sacaba de quicio. Yo no sé lo que quiero, ni sé bien quien soy, me siento algo sólido.
Me gustaría que la muchacha bailará al compás de mí, tomando cantando y riendo. Me encontraba tan mal, de haber tomado tan rico vino, que prepare una pócima y sorbo a sorbo me la tome.
Entre otras cosas, no soportaba el humo del viejo candil. La casa sin ser antigua, estaba muy recargada. En la entrada, la puerta maciza de roble oscuro, de un palmo de ancha, cuyos cerrojos chirriaban agudamente, causando algo de espanto. En el dormitorio, el tocador de caoba con enseres de plata, quitando todo el hedonismo, hasta hacer que los detestara.
Cuando bebía el rico vino entraba calor y aunque hacia frió, dada la época del año, me quedaba únicamente con el jubón. Pasaba a tener algo de alegría, tarareando alguna que otra canción. Eran letras frívolas, letras sin amor, letras de amargura, de llanto y dolor.
Buscaba cariño, Luís me trataba con paciencia, cariño y dilección. Aunque yo no le contará, él sonsacaba mis problemas de amor. El alcohol creaba en mí todos los días, un dilema.
A media tarde, después de trabajar y sin acicalarme, entraba en la cantina. Tenía el cabello lacio, sucio. Me sentía sediento de vino.
Era un árbol, mi vida se extendía como las ramas. Me extendía en la vida, aferrado en los brazos de quienes ya no aman.
Sin progresar, yo buscaba un hijo, ella no quería. Con lágrimas imprevisivas, con mi dolencia, buscaba cariño fuera del hogar. Borracho y en otro aposento hacia sexo desganado. Hasta que ella se entero y me desposeyó.
Todo había cambiado, me rodeaban villanos. Sentía artos en el estomago. Con el desafecto hacía mi esposa, mi abandono que me llevaba hasta morir.
En mi vida todo eran muestras de acrimonia...
Todo era oscuridad, sin vida, creía que ya no vivía Dios a mí lado. La luna venía y un ángel me daba todo lo que yo pedía. Le pedía algo más de vida y que me sacará de aquel infierno donde yo vivía. En pocos minutos quedarme dormido, a la solisombra, o que Dios me indique donde debo ir. Me siento perdido, soy un alelí, soy com


un hereje, me quedo apartado, vació y a un lado.
Si pudiera olvidar el pasado, me olvidaría de la taberna, de la muchacha, de sus ojitos y de sus palabras tiernas que me elevaron al cielo, ¡hombre de tanta imprudencia!
Atrás se quedo la loca dando voces de histeria. Su ira era tan grande, que me llevo a la miseria, a hundirme en lo más hondo, en un pozo de inconsciencia. Nadie me apoyo en mi mundo, solo y lleno de vergüenza por que yo también la tengo, aunque el vino me da fuerza con ironías y bobadas. Presiento que doy pena.
Yo necesitaba algo que me quitase las penas y las moje con el vino, con esto pague mis consecuencias. Yo soy un hombre de arte, un bohemio que ama en pena y mi vida deshojada, hoy condujo a mi condena.
Un día me dirigí hacia los Picos de Europa. Conducía mirando a través del follaje. Los árboles me miraban, recordándome, todo eran sombras blancas. La velocidad y el alma se apodero de mí. Mil pedazos. Un aliento, en un suspiro pensé, la muerte será el olvido, el alma el anochecer. Una mano grande y firme me aferraba, a la vez que me decía: mi amor , mi amor , mi amor .
Traspase un túnel blanco, donde a la paz me allegaba. No sé donde estoy ahora...
Creo que es la quimera, el estado de mi debilidad.
Creo que será cosa de la dádiva tica
CONSTAN FERNÁNDEZ









Era hombre de dinero, creía que tenía mujer. Era de aquellos de los que las mujeres llamaban "es uno de gran nivel". Me embriagaba y me embriagaba, hasta sentirme joder.
Bueno en el trabajo. El apellido Sánchez. Y el vino, Ribera de Duero crianza, me hacia venerar la tierra.
¡Como me gustaba el vino! No le bebía, le besaba. Le besaba, como un hombre besa a una mujer, cuando la ama. Acariciando su cuerpo, sintiendo el ardor que desprende su aroma, su acidez de locura y de placer.
Mi vida se truncaba día a día en las cantinas, me perdía la soledad. Me mataba, el refugio del calor del tinto, que tanta adoración tenía.
Cuando iba al retrete, bastante ebrio, sentía pena, rabia y amargura, sentía que me desvanecía. Me tenía que sujetar en el arandel de la escalera. Sintiendo a la par, sin llegar a ruborizarme, que me caía. Tenia que ser fuerte, el vino me daba fe.
Amante de mi ciudad, de mi trabajo, los clientes me asedian: -¡Buenos días, buenas tardes, buenas noches!, ¡Todavía! Exclamaciones que la gente hacia y que mi mente presumía.
Mi mujer, siempre seca y fondona, no me quería. Solo me daba el cuerpo, cuerpo sin vida. Era un cuerpo sin amor. El amor de los años, el amor de la vida. Yo buscaba un consuelo y quizás una vida o quizás un aliento,... el aliento de vida, el aliento del vino, del vino del día.
El otoño se aproximaba. Comenzaban los vendimiadores su duro trabajo. Yo mientras buscaba refugio en el abrazo del vino, el cual era ardiente como el anhelado sol del verano.
Me gustaría despertarme dormido en otras manos, sintiendo el susurró del río Pisuerga que me apoyaba y latía conmigo. Quería beber y beber otra copa de vino, sintiendo baladas y la copa conmigo. Ella me chillaba, me negaba, me humillaba, no me da lo que buscaba en otros caminos. No sentía, no placía, no gemía, no sabia el sabor que sentía con el vino.
Una copa, dos copas, tres copas, empezaba a sentir. Quizás esta noche, la muñeca sería mía. La miraba, me miraba y sonreía. -¿Qué sería de la cantina sin vosotros?, decía. -No te sientas vulgar en la noche, ni te sientas vulgar en el día, vales más que un sultán. Eres digno de tenerte hombre, hombre de sabiduría .Las palabras de la jovenzuela me llenaban de cortesía.
Triste y desapacible mirando el contorno de la jarra, el abatimiento.






Por la mañana, tras un opíparo desayuno, me dirigí a la ciudad. Cansado, sucio y sin ganas de nada, el vació se apoderaba de mi. Otra vez sentía sed, sed de la vida .Entré en la cantina sucia y ahumada. Allí, en la taberna no sentía el vació de vivir, la muchacha sonreía picara. Su conversación sutil, no me importaba, con su sonrisa bastaba.
Comencé a beber junto a mi primo Luís, siempre le he querido mucho. Empinábamos el codo hasta perder la gravidez y comenzábamos a flotar y a decir alguna que otra ordinariez.
Despuntaba con la bebida, el alcohol me sobresalía. En un escondrijo me refugiaba de la vida en el silencio de la noche, no podía más. Todo me atormentaba: los ruidos, los murmullos, que más da....
La dura piedra de la calle hacia que arrastrara todo lo que quedaba de mí. No obstante, pude caminar hasta la casa. Entre la luz de mi mente, desolándose conseguí llegar. Sentí las manos desmayadas, a la luz de la luna. Ella me iluminaba, guiándome hasta el hogar, con su cara de mujer.
En el hogar, me calenté con el fuego que desprendía la lumbre. Mi mujer me sacaba de quicio. Yo no sé lo que quiero, ni sé bien quien soy, me siento algo sólido.
Me gustaría que la muchacha bailará al compás de mí, tomando cantando y riendo. Me encontraba tan mal, de haber tomado tan rico vino, que prepare una pócima y sorbo a sorbo me la tome.
Entre otras cosas, no soportaba el humo del viejo candil. La casa sin ser antigua, estaba muy recargada. En la entrada, la puerta maciza de roble oscuro, de un palmo de ancha, cuyos cerrojos chirriaban agudamente, causando algo de espanto. En el dormitorio, el tocador de caoba con enseres de plata, quitando todo el hedonismo, hasta hacer que los detestara.
Cuando bebía el rico vino entraba calor y aunque hacia frió, dada la época del año, me quedaba únicamente con el jubón. Pasaba a tener algo de alegría, tarareando alguna que otra canción

Hizo que me sentara rígidamente en el escañil. Bebí la sangre de Cristo. Ya era un calvo prematuro, ¡Que feo! en la oscuridad me sentía, algo mansurrón.
En las bodegas, miraba la labor de asediar el vino. Sus barricas grandes de madera, cada una con su nombre, donde miraba y saboreaba a la vez que aprendía a catar.
Oí voces en el exterior, no eran más que murmullos de niños.
Había asaltado un codillo, despedazándolo con mis manos, saboreando la sabrosura del hueso y la carne salada. Con ello, había aumentado mi sed. Y aumenté la cantidad de consumo de vino. Entre paseos solemnes que no me llevaban a nada, me quedé en la bodega enroscado en un manta, profundamente dormido.
Por la mañana, tras un opíparo desayuno, me dirigí a la ciudad. Cansado, sucio y sin ganas de nada, el vació se apoderaba de mi. Otra vez sentía sed, sed de la vida .Entré en la cantina sucia y ahumada. Allí, en la taberna no sentía el vació de vivir, la muchacha sonreía picara. Su conversación sutil, no me importaba, con su sonrisa bastaba..
Comencé a beber junto a mi primo Luís, siempre le he querido mucho. Empinábamos el codo hasta perder la gravidez y comenzábamos a flotar y a decir alguna que otra ordinariez.
Despuntaba con la bebida, el alcohol me sobresalía. En un escondrijo me refugiaba de la vida en el silencio de la noche, no podía más. Todo me atormentaba: los ruidos, los murmullos, que más da....


Mi mente, desolándose conseguí llegar. Sentí las manos desmayadas, a la luz de la luna. Ella me iluminaba, guiándome hasta el hogar, con su cara de mujer.
En el hogar, me calenté con el fuego que desprendía la lumbre. Mi mujer me sacaba de quicio. Yo no sé lo que quiero, ni sé bien quien soy, me siento algo sólido.
Me gustaría que la muchacha bailará al compás de mí, tomando cantando y riendo. Me encontraba tan mal, de haber tomado tan rico vino, que prepare una pócima y sorbo a sorbo me la tome.
Entre otras cosas, no soportaba el humo del viejo candil. La casa sin ser antigua, estaba muy recargada. En la entrada, la puerta maciza de roble oscuro, de un palmo de ancha, cuyos cerrojos chirriaban agudamente, causando algo de espanto. En el dormitorio, el tocador de caoba con enseres de plata, quitando todo el hedonismo, hasta hacer que los detestara.
Cuando bebía el rico vino entraba calor y aunque hacia frió, dada la época del año, me quedaba únicamente con el jubón. Pasaba a tener algo de alegría, tarareando alguna que otra canción. Eran letras frívolas, letras sin amor, letras de amargura, de llanto y dolor.
Buscaba cariño, Luís me trataba con paciencia, cariño y dilección. Aunque yo no le contará, él sonsacaba mis problemas de amor. El alcohol creaba en mí todos los días, un dilema.
A media tarde, después de trabajar y sin acicalarme, entraba en la cantina. Tenía el cabello lacio, sucio. Me sentía sediento de vino.
Era un árbol, mi vida se extendía como las ramas. Me extendía en la vida, aferrado en los brazos de quienes ya no aman.
Sin progresar, yo buscaba un hijo, ella no quería. Con lágrimas imprevisivas, con mi dolencia, buscaba cariño fuera del hogar. Borracho y en otro aposento hacia sexo desganado. Hasta que ella se entero y me desposeyó.
Todo había cambiado, me rodeaban villanos. Sentía artos en el estomago. Con el desafecto hacía mi esposa, mi abandono que me llevaba hasta morir.
En mi vida todo eran muestras de acrimonia...
Todo era oscuridad, sin vida, creía que ya no vivía Dios a mí lado. La luna venía y un ángel me daba todo lo que yo pedía. Le pedía algo más de vida y que me sacará de aquel infierno donde yo vivía. En pocos minutos quedarme dormido, a la solisombra, o que Dios me indique donde debo ir. Me siento perdido, soy un alelí, soy com


un hereje, me quedo apartado, vació y a un lado.
Si pudiera olvidar el pasado, me olvidaría de la taberna, de la muchacha, de sus ojitos y de sus palabras tiernas que me elevaron al cielo, ¡hombre de tanta imprudencia!
Atrás se quedo la loca dando voces de histeria. Su ira era tan grande, que me llevo a la miseria, a hundirme en lo más hondo, en un pozo de inconsciencia. Nadie me apoyo en mi mundo, solo y lleno de vergüenza por que yo también la tengo, aunque el vino me da fuerza con ironías y bobadas. Presiento que doy pena.
Yo necesitaba algo que me quitase las penas y las moje con el vino, con esto pague mis consecuencias. Yo soy un hombre de arte, un bohemio que ama en pena y mi vida deshojada, hoy condujo a mi condena.
Un día me dirigí hacia los Picos de Europa. Conducía mirando a través del follaje. Los árboles me miraban, recordándome, todo eran sombras blancas. La velocidad y el alma se apodero de mí. Mil pedazos. Un aliento, en un suspiro pensé, la muerte será el olvido, el alma el anochecer. Una mano grande y firme me aferraba, a la vez que me decía: mi amor , mi amor , mi amor .
Traspase un túnel blanco, donde a la paz me allegaba. No sé donde estoy ahora...
Creo que es la quimera, el estado de mi debilidad.
Creo que será cosa de la dádiva tica
CONSTAN FERNÁNDEZ







“En el vino esta la verdad “

Era hombre de dinero, creía que tenía mujer. Era de aquellos de los que las mujeres llamaban "es uno de gran nivel". Me embriagaba y me embriagaba, hasta sentirme joder.
Bueno en el trabajo. El apellido Sánchez. Y el vino, Ribera de Duero crianza, me hacia venerar la tierra.
¡Como me gustaba el vino! No le bebía, le besaba. Le besaba, como un hombre besa a una mujer, cuando la ama. Acariciando su cuerpo, sintiendo el ardor que desprende su aroma, su acidez de locura y de placer.
Mi vida se truncaba día a día en las cantinas, me perdía la soledad. Me mataba, el refugio del calor del tinto, que tanta adoración tenía.
Cuando iba al retrete, bastante ebrio, sentía pena, rabia y amargura, sentía que me desvanecía. Me tenía que sujetar en el arandel de la escalera. Sintiendo a la par, sin llegar a ruborizarme, que me caía. Tenia que ser fuerte, el vino me daba fe.
Amante de mi ciudad, de mi trabajo, los clientes me asedian: -¡Buenos días, buenas tardes, buenas noches!, ¡Todavía! Exclamaciones que la gente hacia y que mi mente presumía.
Mi mujer, siempre seca y fondona, no me quería. Solo me daba el cuerpo, cuerpo sin vida. Era un cuerpo sin amor. El amor de los años, el amor de la vida. Yo buscaba un consuelo y quizás una vida o quizás un aliento,... el aliento de vida, el aliento del vino, del vino del día.
El otoño se aproximaba. Comenzaban los vendimiadores su duro trabajo. Yo mientras buscaba refugio en el abrazo del vino, el cual era ardiente como el anhelado sol del verano.
Me gustaría despertarme dormido en otras manos, sintiendo el susurró del río Pisuerga que me apoyaba y latía conmigo. Quería beber y beber otra copa de vino, sintiendo baladas y la copa conmigo. Ella me chillaba, me negaba, me humillaba, no me da lo que buscaba en otros caminos. No sentía, no placía, no gemía, no sabia el sabor que sentía con el vino.
Una copa, dos copas, tres copas, empezaba a sentir. Quizás esta noche, la muñeca sería mía. La miraba, me miraba y sonreía. -¿Qué sería de la cantina sin vosotros?, decía. -No te sientas vulgar en la noche, ni te sientas vulgar en el día, vales más que un sultán. Eres digno de tenerte hombre, hombre de sabiduría .Las palabras de la jovenzuela me llenaban de cortesía.
Triste y desapacible mirando el contorno de la jarra, el abatimiento.






Por la mañana, tras un opíparo desayuno, me dirigí a la ciudad. Cansado, sucio y sin ganas de nada, el vació se apoderaba de mi. Otra vez sentía sed, sed de la vida .Entré en la cantina sucia y ahumada. Allí, en la taberna no sentía el vació de vivir, la muchacha sonreía picara. Su conversación sutil, no me importaba, con su sonrisa bastaba.
Comencé a beber junto a mi primo Luís, siempre le he querido mucho. Empinábamos el codo hasta perder la gravidez y comenzábamos a flotar y a decir alguna que otra ordinariez.
Despuntaba con la bebida, el alcohol me sobresalía. En un escondrijo me refugiaba de la vida en el silencio de la noche, no podía más. Todo me atormentaba: los ruidos, los murmullos, que más da....
La dura piedra de la calle hacia que arrastrara todo lo que quedaba de mí. No obstante, pude caminar hasta la casa. Entre la luz de mi mente, desolándose conseguí llegar. Sentí las manos desmayadas, a la luz de la luna. Ella me iluminaba, guiándome hasta el hogar, con su cara de mujer.
En el hogar, me calenté con el fuego que desprendía la lumbre. Mi mujer me sacaba de quicio. Yo no sé lo que quiero, ni sé bien quien soy, me siento algo sólido.
Me gustaría que la muchacha bailará al compás de mí, tomando cantando y riendo. Me encontraba tan mal, de haber tomado tan rico vino, que prepare una pócima y sorbo a sorbo me la tome.
Entre otras cosas, no soportaba el humo del viejo candil. La casa sin ser antigua, estaba muy recargada. En la entrada, la puerta maciza de roble oscuro, de un palmo de ancha, cuyos cerrojos chirriaban agudamente, causando algo de espanto. En el dormitorio, el tocador de caoba con enseres de plata, quitando todo el hedonismo, hasta hacer que los detestara.
Cuando bebía el rico vino entraba calor y aunque hacia frió, dada la época del año, me quedaba únicamente con el jubón. Pasaba a tener algo de alegría, tarareando alguna que otra canción

Hizo que me sentara rígidamente en el escañil. Bebí la sangre de Cristo. Ya era un calvo prematuro, ¡Que feo! en la oscuridad me sentía, algo mansurrón.
En las bodegas, miraba la labor de asediar el vino. Sus barricas grandes de madera, cada una con su nombre, donde miraba y saboreaba a la vez que aprendía a catar.
Oí voces en el exterior, no eran más que murmullos de niños.
Había asaltado un codillo, despedazándolo con mis manos, saboreando la sabrosura del hueso y la carne salada. Con ello, había aumentado mi sed. Y aumenté la cantidad de consumo de vino. Entre paseos solemnes que no me llevaban a nada, me quedé en la bodega enroscado en un manta, profundamente dormido.
Por la mañana, tras un opíparo desayuno, me dirigí a la ciudad. Cansado, sucio y sin ganas de nada, el vació se apoderaba de mi. Otra vez sentía sed, sed de la vida .Entré en la cantina sucia y ahumada. Allí, en la taberna no sentía el vació de vivir, la muchacha sonreía picara. Su conversación sutil, no me importaba, con su sonrisa bastaba..
Comencé a beber junto a mi primo Luís, siempre le he querido mucho. Empinábamos el codo hasta perder la gravidez y comenzábamos a flotar y a decir alguna que otra ordinariez.
Despuntaba con la bebida, el alcohol me sobresalía. En un escondrijo me refugiaba de la vida en el silencio de la noche, no podía más. Todo me atormentaba: los ruidos, los murmullos, que más da....


Mi mente, desolándose conseguí llegar. Sentí las manos desmayadas, a la luz de la luna. Ella me iluminaba, guiándome hasta el hogar, con su cara de mujer.
En el hogar, me calenté con el fuego que desprendía la lumbre. Mi mujer me sacaba de quicio. Yo no sé lo que quiero, ni sé bien quien soy, me siento algo sólido.
Me gustaría que la muchacha bailará al compás de mí, tomando cantando y riendo. Me encontraba tan mal, de haber tomado tan rico vino, que prepare una pócima y sorbo a sorbo me la tome.
Entre otras cosas, no soportaba el humo del viejo candil. La casa sin ser antigua, estaba muy recargada. En la entrada, la puerta maciza de roble oscuro, de un palmo de ancha, cuyos cerrojos chirriaban agudamente, causando algo de espanto. En el dormitorio, el tocador de caoba con enseres de plata, quitando todo el hedonismo, hasta hacer que los detestara.
Cuando bebía el rico vino entraba calor y aunque hacia frió, dada la época del año, me quedaba únicamente con el jubón. Pasaba a tener algo de alegría, tarareando alguna que otra canción. Eran letras frívolas, letras sin amor, letras de amargura, de llanto y dolor.
Buscaba cariño, Luís me trataba con paciencia, cariño y dilección. Aunque yo no le contará, él sonsacaba mis problemas de amor. El alcohol creaba en mí todos los días, un dilema.
A media tarde, después de trabajar y sin acicalarme, entraba en la cantina. Tenía el cabello lacio, sucio. Me sentía sediento de vino.
Era un árbol, mi vida se extendía como las ramas. Me extendía en la vida, aferrado en los brazos de quienes ya no aman.
Sin progresar, yo buscaba un hijo, ella no quería. Con lágrimas imprevisivas, con mi dolencia, buscaba cariño fuera del hogar. Borracho y en otro aposento hacia sexo desganado. Hasta que ella se entero y me desposeyó.
Todo había cambiado, me rodeaban villanos. Sentía artos en el estomago. Con el desafecto hacía mi esposa, mi abandono que me llevaba hasta morir.
En mi vida todo eran muestras de acrimonia...
Todo era oscuridad, sin vida, creía que ya no vivía Dios a mí lado. La luna venía y un ángel me daba todo lo que yo pedía. Le pedía algo más de vida y que me sacará de aquel infierno donde yo vivía. En pocos minutos quedarme dormido, a la solisombra, o que Dios me indique donde debo ir. Me siento perdido, soy un alelí, soy com


un hereje, me quedo apartado, vació y a un lado.
Si pudiera olvidar el pasado, me olvidaría de la taberna, de la muchacha, de sus ojitos y de sus palabras tiernas que me elevaron al cielo, ¡hombre de tanta imprudencia!
Atrás se quedo la loca dando voces de histeria. Su ira era tan grande, que me llevo a la miseria, a hundirme en lo más hondo, en un pozo de inconsciencia. Nadie me apoyo en mi mundo, solo y lleno de vergüenza por que yo también la tengo, aunque el vino me da fuerza con ironías y bobadas. Presiento que doy pena.
Yo necesitaba algo que me quitase las penas y las moje con el vino, con esto pague mis consecuencias. Yo soy un hombre de arte, un bohemio que ama en pena y mi vida deshojada, hoy condujo a mi condena.
Un día me dirigí hacia los Picos de Europa. Conducía mirando a través del follaje. Los árboles me miraban, recordándome, todo eran sombras blancas. La velocidad y el alma se apodero de mí. Mil pedazos. Un aliento, en un suspiro pensé, la muerte será el olvido, el alma el anochecer. Una mano grande y firme me aferraba, a la vez que me decía: mi amor , mi amor , mi amor .
Traspase un túnel blanco, donde a la paz me allegaba. No sé donde estoy ahora...
Creo que es la quimera, el estado de mi debilidad.
Creo que será cosa de la dádiva tica
CONSTAN FERNÁNDEZ











“En el vino esta la verdad “

Era hombre de dinero, creía que tenía mujer. Era de aquellos de los que las mujeres llamaban "es uno de gran nivel". Me embriagaba y me embriagaba, hasta sentirme joder.
Bueno en el trabajo. El apellido Sánchez. Y el vino, Ribera de Duero crianza, me hacia venerar la tierra.
¡Como me gustaba el vino! No le bebía, le besaba. Le besaba, como un hombre besa a una mujer, cuando la ama. Acariciando su cuerpo, sintiendo el ardor que desprende su aroma, su acidez de locura y de placer.
Mi vida se truncaba día a día en las cantinas, me perdía la soledad. Me mataba, el refugio del calor del tinto, que tanta adoración tenía.
Cuando iba al retrete, bastante ebrio, sentía pena, rabia y amargura, sentía que me desvanecía. Me tenía que sujetar en el arandel de la escalera. Sintiendo a la par, sin llegar a ruborizarme, que me caía. Tenia que ser fuerte, el vino me daba fe.
Amante de mi ciudad, de mi trabajo, los clientes me asedian: -¡Buenos días, buenas tardes, buenas noches!, ¡Todavía! Exclamaciones que la gente hacia y que mi mente presumía.
Mi mujer, siempre seca y fondona, no me quería. Solo me daba el cuerpo, cuerpo sin vida. Era un cuerpo sin amor. El amor de los años, el amor de la vida. Yo buscaba un consuelo y quizás una vida o quizás un aliento,... el aliento de vida, el aliento del vino, del vino del día.
El otoño se aproximaba. Comenzaban los vendimiadores su duro trabajo. Yo mientras buscaba refugio en el abrazo del vino, el cual era ardiente como el anhelado sol del verano.
Me gustaría despertarme dormido en otras manos, sintiendo el susurró del río Pisuerga que me apoyaba y latía conmigo. Quería beber y beber otra copa de vino, sintiendo baladas y la copa conmigo. Ella me chillaba, me negaba, me humillaba, no me da lo que buscaba en otros caminos. No sentía, no placía, no gemía, no sabia el sabor que sentía con el vino.
Una copa, dos copas, tres copas, empezaba a sentir. Quizás esta noche, la muñeca sería mía. La miraba, me miraba y sonreía. -¿Qué sería de la cantina sin vosotros?, decía. -No te sientas vulgar en la noche, ni te sientas vulgar en el día, vales más que un sultán. Eres digno de tenerte hombre, hombre de sabiduría .Las palabras de la jovenzuela me llenaban de cortesía.
Triste y desapacible mirando el contorno de la jarra, el abatimiento.






Por la mañana, tras un opíparo desayuno, me dirigí a la ciudad. Cansado, sucio y sin ganas de nada, el vació se apoderaba de mi. Otra vez sentía sed, sed de la vida .Entré en la cantina sucia y ahumada. Allí, en la taberna no sentía el vació de vivir, la muchacha sonreía picara. Su conversación sutil, no me importaba, con su sonrisa bastaba.
Comencé a beber junto a mi primo Luís, siempre le he querido mucho. Empinábamos el codo hasta perder la gravidez y comenzábamos a flotar y a decir alguna que otra ordinariez.
Despuntaba con la bebida, el alcohol me sobresalía. En un escondrijo me refugiaba de la vida en el silencio de la noche, no podía más. Todo me atormentaba: los ruidos, los murmullos, que más da....
La dura piedra de la calle hacia que arrastrara todo lo que quedaba de mí. No obstante, pude caminar hasta la casa. Entre la luz de mi mente, desolándose conseguí llegar. Sentí las manos desmayadas, a la luz de la luna. Ella me iluminaba, guiándome hasta el hogar, con su cara de mujer.
En el hogar, me calenté con el fuego que desprendía la lumbre. Mi mujer me sacaba de quicio. Yo no sé lo que quiero, ni sé bien quien soy, me siento algo sólido.
Me gustaría que la muchacha bailará al compás de mí, tomando cantando y riendo. Me encontraba tan mal, de haber tomado tan rico vino, que prepare una pócima y sorbo a sorbo me la tome.
Entre otras cosas, no soportaba el humo del viejo candil. La casa sin ser antigua, estaba muy recargada. En la entrada, la puerta maciza de roble oscuro, de un palmo de ancha, cuyos cerrojos chirriaban agudamente, causando algo de espanto. En el dormitorio, el tocador de caoba con enseres de plata, quitando todo el hedonismo, hasta hacer que los detestara.
Cuando bebía el rico vino entraba calor y aunque hacia frió, dada la época del año, me quedaba únicamente con el jubón. Pasaba a tener algo de alegría, tarareando alguna que otra canción

Hizo que me sentara rígidamente en el escañil. Bebí la sangre de Cristo. Ya era un calvo prematuro, ¡Que feo! en la oscuridad me sentía, algo mansurrón.
En las bodegas, miraba la labor de asediar el vino. Sus barricas grandes de madera, cada una con su nombre, donde miraba y saboreaba a la vez que aprendía a catar.
Oí voces en el exterior, no eran más que murmullos de niños.
Había asaltado un codillo, despedazándolo con mis manos, saboreando la sabrosura del hueso y la carne salada. Con ello, había aumentado mi sed. Y aumenté la cantidad de consumo de vino. Entre paseos solemnes que no me llevaban a nada, me quedé en la bodega enroscado en un manta, profundamente dormido.
Por la mañana, tras un opíparo desayuno, me dirigí a la ciudad. Cansado, sucio y sin ganas de nada, el vació se apoderaba de mi. Otra vez sentía sed, sed de la vida .Entré en la cantina sucia y ahumada. Allí, en la taberna no sentía el vació de vivir, la muchacha sonreía picara. Su conversación sutil, no me importaba, con su sonrisa bastaba..
Comencé a beber junto a mi primo Luís, siempre le he querido mucho. Empinábamos el codo hasta perder la gravidez y comenzábamos a flotar y a decir alguna que otra ordinariez.
Despuntaba con la bebida, el alcohol me sobresalía. En un escondrijo me refugiaba de la vida en el silencio de la noche, no podía más. Todo me atormentaba: los ruidos, los murmullos, que más da....


Mi mente, desolándose conseguí llegar. Sentí las manos desmayadas, a la luz de la luna. Ella me iluminaba, guiándome hasta el hogar, con su cara de mujer.
En el hogar, me calenté con el fuego que desprendía la lumbre. Mi mujer me sacaba de quicio. Yo no sé lo que quiero, ni sé bien quien soy, me siento algo sólido.
Me gustaría que la muchacha bailará al compás de mí, tomando cantando y riendo. Me encontraba tan mal, de haber tomado tan rico vino, que prepare una pócima y sorbo a sorbo me la tome.
Entre otras cosas, no soportaba el humo del viejo candil. La casa sin ser antigua, estaba muy recargada. En la entrada, la puerta maciza de roble oscuro, de un palmo de ancha, cuyos cerrojos chirriaban agudamente, causando algo de espanto. En el dormitorio, el tocador de caoba con enseres de plata, quitando todo el hedonismo, hasta hacer que los detestara.
Cuando bebía el rico vino entraba calor y aunque hacia frió, dada la época del año, me quedaba únicamente con el jubón. Pasaba a tener algo de alegría, tarareando alguna que otra canción. Eran letras frívolas, letras sin amor, letras de amargura, de llanto y dolor.
Buscaba cariño, Luís me trataba con paciencia, cariño y dilección. Aunque yo no le contará, él sonsacaba mis problemas de amor. El alcohol creaba en mí todos los días, un dilema.
A media tarde, después de trabajar y sin acicalarme, entraba en la cantina. Tenía el cabello lacio, sucio. Me sentía sediento de vino.
Era un árbol, mi vida se extendía como las ramas. Me extendía en la vida, aferrado en los brazos de quienes ya no aman.
Sin progresar, yo buscaba un hijo, ella no quería. Con lágrimas imprevisivas, con mi dolencia, buscaba cariño fuera del hogar. Borracho y en otro aposento hacia sexo desganado. Hasta que ella se entero y me desposeyó.
Todo había cambiado, me rodeaban villanos. Sentía artos en el estomago. Con el desafecto hacía mi esposa, mi abandono que me llevaba hasta morir.
En mi vida todo eran muestras de acrimonia...
Todo era oscuridad, sin vida, creía que ya no vivía Dios a mí lado. La luna venía y un ángel me daba todo lo que yo pedía. Le pedía algo más de vida y que me sacará de aquel infierno donde yo vivía. En pocos minutos quedarme dormido, a la solisombra, o que Dios me indique donde debo ir. Me siento perdido, soy un alelí, soy com


un hereje, me quedo apartado, vació y a un lado.
Si pudiera olvidar el pasado, me olvidaría de la taberna, de la muchacha, de sus ojitos y de sus palabras tiernas que me elevaron al cielo, ¡hombre de tanta imprudencia!
Atrás se quedo la loca dando voces de histeria. Su ira era tan grande, que me llevo a la miseria, a hundirme en lo más hondo, en un pozo de inconsciencia. Nadie me apoyo en mi mundo, solo y lleno de vergüenza por que yo también la tengo, aunque el vino me da fuerza con ironías y bobadas. Presiento que doy pena.
Yo necesitaba algo que me quitase las penas y las moje con el vino, con esto pague mis consecuencias. Yo soy un hombre de arte, un bohemio que ama en pena y mi vida deshojada, hoy condujo a mi condena.
Un día me dirigí hacia los Picos de Europa. Conducía mirando a través del follaje. Los árboles me miraban, recordándome, todo eran sombras blancas. La velocidad y el alma se apodero de mí. Mil pedazos. Un aliento, en un suspiro pensé, la muerte será el olvido, el alma el anochecer. Una mano grande y firme me aferraba, a la vez que me decía: mi amor , mi amor , mi amor .
Traspase un túnel blanco, donde a la paz me allegaba. No sé donde estoy ahora...
Creo que es la quimera, el estado de mi debilidad.
Creo que será cosa de la dádiva tica
CONSTAN FERNÁNDEZ










“En el vino esta la verdad “

Era hombre de dinero, creía que tenía mujer. Era de aquellos de los que las mujeres llamaban "es uno de gran nivel". Me embriagaba y me embriagaba, hasta sentirme joder.
Bueno en el trabajo. El apellido Sánchez. Y el vino, Ribera de Duero crianza, me hacia venerar la tierra.
¡Como me gustaba el vino! No le bebía, le besaba. Le besaba, como un hombre besa a una mujer, cuando la ama. Acariciando su cuerpo, sintiendo el ardor que desprende su aroma, su acidez de locura y de placer.
Mi vida se truncaba día a día en las cantinas, me perdía la soledad. Me mataba, el refugio del calor del tinto, que tanta adoración tenía.
Cuando iba al retrete, bastante ebrio, sentía pena, rabia y amargura, sentía que me desvanecía. Me tenía que sujetar en el arandel de la escalera. Sintiendo a la par, sin llegar a ruborizarme, que me caía. Tenia que ser fuerte, el vino me daba fe.
Amante de mi ciudad, de mi trabajo, los clientes me asedian: -¡Buenos días, buenas tardes, buenas noches!, ¡Todavía! Exclamaciones que la gente hacia y que mi mente presumía.
Mi mujer, siempre seca y fondona, no me quería. Solo me daba el cuerpo, cuerpo sin vida. Era un cuerpo sin amor. El amor de los años, el amor de la vida. Yo buscaba un consuelo y quizás una vida o quizás un aliento,... el aliento de vida, el aliento del vino, del vino del día.
El otoño se aproximaba. Comenzaban los vendimiadores su duro trabajo. Yo mientras buscaba refugio en el abrazo del vino, el cual era ardiente como el anhelado sol del verano.
Me gustaría despertarme dormido en otras manos, sintiendo el susurró del río Pisuerga que me apoyaba y latía conmigo. Quería beber y beber otra copa de vino, sintiendo baladas y la copa conmigo. Ella me chillaba, me negaba, me humillaba, no me da lo que buscaba en otros caminos. No sentía, no placía, no gemía, no sabia el sabor que sentía con el vino.
Una copa, dos copas, tres copas, empezaba a sentir. Quizás esta noche, la muñeca sería mía. La miraba, me miraba y sonreía. -¿Qué sería de la cantina sin vosotros?, decía. -No te sientas vulgar en la noche, ni te sientas vulgar en el día, vales más que un sultán. Eres digno de tenerte hombre, hombre de sabiduría .Las palabras de la jovenzuela me llenaban de cortesía.
Triste y desapacible mirando el contorno de la jarra, el abatimiento.






Por la mañana, tras un opíparo desayuno, me dirigí a la ciudad. Cansado, sucio y sin ganas de nada, el vació se apoderaba de mi. Otra vez sentía sed, sed de la vida .Entré en la cantina sucia y ahumada. Allí, en la taberna no sentía el vació de vivir, la muchacha sonreía picara. Su conversación sutil, no me importaba, con su sonrisa bastaba.
Comencé a beber junto a mi primo Luís, siempre le he querido mucho. Empinábamos el codo hasta perder la gravidez y comenzábamos a flotar y a decir alguna que otra ordinariez.
Despuntaba con la bebida, el alcohol me sobresalía. En un escondrijo me refugiaba de la vida en el silencio de la noche, no podía más. Todo me atormentaba: los ruidos, los murmullos, que más da....
La dura piedra de la calle hacia que arrastrara todo lo que quedaba de mí. No obstante, pude caminar hasta la casa. Entre la luz de mi mente, desolándose conseguí llegar. Sentí las manos desmayadas, a la luz de la luna. Ella me iluminaba, guiándome hasta el hogar, con su cara de mujer.
En el hogar, me calenté con el fuego que desprendía la lumbre. Mi mujer me sacaba de quicio. Yo no sé lo que quiero, ni sé bien quien soy, me siento algo sólido.
Me gustaría que la muchacha bailará al compás de mí, tomando cantando y riendo. Me encontraba tan mal, de haber tomado tan rico vino, que prepare una pócima y sorbo a sorbo me la tome.
Entre otras cosas, no soportaba el humo del viejo candil. La casa sin ser antigua, estaba muy recargada. En la entrada, la puerta maciza de roble oscuro, de un palmo de ancha, cuyos cerrojos chirriaban agudamente, causando algo de espanto. En el dormitorio, el tocador de caoba con enseres de plata, quitando todo el hedonismo, hasta hacer que los detestara.
Cuando bebía el rico vino entraba calor y aunque hacia frió, dada la época del año, me quedaba únicamente con el jubón. Pasaba a tener algo de alegría, tarareando alguna que otra canción

Hizo que me sentara rígidamente en el escañil. Bebí la sangre de Cristo. Ya era un calvo prematuro, ¡Que feo! en la oscuridad me sentía, algo mansurrón.
En las bodegas, miraba la labor de asediar el vino. Sus barricas grandes de madera, cada una con su nombre, donde miraba y saboreaba a la vez que aprendía a catar.
Oí voces en el exterior, no eran más que murmullos de niños.
Había asaltado un codillo, despedazándolo con mis manos, saboreando la sabrosura del hueso y la carne salada. Con ello, había aumentado mi sed. Y aumenté la cantidad de consumo de vino. Entre paseos solemnes que no me llevaban a nada, me quedé en la bodega enroscado en un manta, profundamente dormido.
Por la mañana, tras un opíparo desayuno, me dirigí a la ciudad. Cansado, sucio y sin ganas de nada, el vació se apoderaba de mi. Otra vez sentía sed, sed de la vida .Entré en la cantina sucia y ahumada. Allí, en la taberna no sentía el vació de vivir, la muchacha sonreía picara. Su conversación sutil, no me importaba, con su sonrisa bastaba..
Comencé a beber junto a mi primo Luís, siempre le he querido mucho. Empinábamos el codo hasta perder la gravidez y comenzábamos a flotar y a decir alguna que otra ordinariez.
Despuntaba con la bebida, el alcohol me sobresalía. En un escondrijo me refugiaba de la vida en el silencio de la noche, no podía más. Todo me atormentaba: los ruidos, los murmullos, que más da....


Mi mente, desolándose conseguí llegar. Sentí las manos desmayadas, a la luz de la luna. Ella me iluminaba, guiándome hasta el hogar, con su cara de mujer.
En el hogar, me calenté con el fuego que desprendía la lumbre. Mi mujer me sacaba de quicio. Yo no sé lo que quiero, ni sé bien quien soy, me siento algo sólido.
Me gustaría que la muchacha bailará al compás de mí, tomando cantando y riendo. Me encontraba tan mal, de haber tomado tan rico vino, que prepare una pócima y sorbo a sorbo me la tome.
Entre otras cosas, no soportaba el humo del viejo candil. La casa sin ser antigua, estaba muy recargada. En la entrada, la puerta maciza de roble oscuro, de un palmo de ancha, cuyos cerrojos chirriaban agudamente, causando algo de espanto. En el dormitorio, el tocador de caoba con enseres de plata, quitando todo el hedonismo, hasta hacer que los detestara.
Cuando bebía el rico vino entraba calor y aunque hacia frió, dada la época del año, me quedaba únicamente con el jubón. Pasaba a tener algo de alegría, tarareando alguna que otra canción. Eran letras frívolas, letras sin amor, letras de amargura, de llanto y dolor.
Buscaba cariño, Luís me trataba con paciencia, cariño y dilección. Aunque yo no le contará, él sonsacaba mis problemas de amor. El alcohol creaba en mí todos los días, un dilema.
A media tarde, después de trabajar y sin acicalarme, entraba en la cantina. Tenía el cabello lacio, sucio. Me sentía sediento de vino.
Era un árbol, mi vida se extendía como las ramas. Me extendía en la vida, aferrado en los brazos de quienes ya no aman.
Sin progresar, yo buscaba un hijo, ella no quería. Con lágrimas imprevisivas, con mi dolencia, buscaba cariño fuera del hogar. Borracho y en otro aposento hacia sexo desganado. Hasta que ella se entero y me desposeyó.
Todo había cambiado, me rodeaban villanos. Sentía artos en el estomago. Con el desafecto hacía mi esposa, mi abandono que me llevaba hasta morir.
En mi vida todo eran muestras de acrimonia...
Todo era oscuridad, sin vida, creía que ya no vivía Dios a mí lado. La luna venía y un ángel me daba todo lo que yo pedía. Le pedía algo más de vida y que me sacará de aquel infierno donde yo vivía. En pocos minutos quedarme dormido, a la solisombra, o que Dios me indique donde debo ir. Me siento perdido, soy un alelí, soy com


un hereje, me quedo apartado, vació y a un lado.
Si pudiera olvidar el pasado, me olvidaría de la taberna, de la muchacha, de sus ojitos y de sus palabras tiernas que me elevaron al cielo, ¡hombre de tanta imprudencia!
Atrás se quedo la loca dando voces de histeria. Su ira era tan grande, que me llevo a la miseria, a hundirme en lo más hondo, en un pozo de inconsciencia. Nadie me apoyo en mi mundo, solo y lleno de vergüenza por que yo también la tengo, aunque el vino me da fuerza con ironías y bobadas. Presiento que doy pena.
Yo necesitaba algo que me quitase las penas y las moje con el vino, con esto pague mis consecuencias. Yo soy un hombre de arte, un bohemio que ama en pena y mi vida deshojada, hoy condujo a mi condena.
Un día me dirigí hacia los Picos de Europa. Conducía mirando a través del follaje. Los árboles me miraban, recordándome, todo eran sombras blancas. La velocidad y el alma se apodero de mí. Mil pedazos. Un aliento, en un suspiro pensé, la muerte será el olvido, el alma el anochecer. Una mano grande y firme me aferraba, a la vez que me decía: mi amor , mi amor , mi amor .
Traspase un túnel blanco, donde a la paz me allegaba. No sé donde estoy ahora...
Creo que es la quimera, el estado de mi debilidad.
Creo que será cosa de la dádiva tica
CONSTAN FERNÁNDEZ



























David Garcia ha escrito el 8 de Diciembre de 2009 a las 17:54
No soporto el relato” En el vino esta la verdad “ DE CONSTAN FERNANDEZ. ME SIENTO IDENTIFICADO
FUENTES ha escrito el 6 de Diciembre de 2009 a las 13:4
BESOS PARA CONSTAN.
NOELIA LOPEZ ha escrito el 25 de Noviembre de 2009 a las 10:19
Vivencias de Catherine II (TDAH). Una historia de la delincuencia de Constan Fernández.

ha escrito el 24 de Noviembre de 2009 a las 17:1
Asociación de escritores de Asturias FERNANDEZ CONSTAN « CONSTAN ...
29 Jul 2009 ... Buscador Mapa web Contacto RSS Socios Asturianu / Castellano / English Portada / •• Información gener.
Juan Carlos Rosal ha escrito el 18 de Noviembre de 2009 a las 19:25
UN SALUDO PARA CONSTAN FERNÁDEZ .
DESDE MADRID
OLGA SANG ha escrito el 12 de Noviembre de 2009 a las 9:10
Canción “carisma del mar”
De Constan Fernández

Carisma, que ama la vida.
En el mar de la risa, de la risa del mar,
Si más yo te quiero...te doy energía,
Te doy mi carisma...en la brisa, en la brisa del mar.
En el mar, de la brisa todo brilla todo es felicidad,
Por que con carisma, la alegría nos la da el mar.
Yo soy carisma, la que guía, en mi confía, te doy mi paz.
Carisma, que ama la vida.
En el mar de la risa, de la del mar,
Si más yo te quiero...te doy energía,
...en la brisa del mar.
En el mar de la brisa, todo es felicidad,
Porque con carisma la alegría nos la da el mar.
Yo soy carisma, la que guía, en mi confía, te doy mi paz.
Carisma, que ama la vida.
En el mar de la risa, de la risa, de la risa de la brisa del mar,
Si más yo te quiero, te doy energía, te doy mi carisma
En la brisa del mar.
Con la delincuencia me encontré yo un día donde todo era infracción.
No me culpes justicia yo no tengo la culpa de mi mala traición.
Si no fuera la droga jamás caería en el mundo de la infracción.
En el mar de la risa, de la risa del mar, de la risa del mar.
Si más yo te quiero, te doy energía en la brisa del mar,
En el mar de la risa, de la risa, de la risa del mar.
TERESA LOPEZ ha escrito el 10 de Noviembre de 2009 a las 12:28
ME GUSTA EL TEMARIO DEL LIBRO CONSTAN FERNÁNDEZ . HABLA DEL TDAH ,UN TEMA MUY ACTUAL .
beatriz ha escrito el 6 de Abril de 2009 a las 11:43
Un LUJO poder "asistir" a esta tertulia entre ellos!!!!!y un placer escucharles.
Felicidades por vuestro programa
raquel ha escrito el 1 de Abril de 2009 a las 12:43
Me gusta el libro de Constan Fernández .
Pep Bruno ha escrito el 30 de Marzo de 2009 a las 11:14
Alucinantes los tres jaques de Racionero y Gómez de Liaño. Enhorabuena.


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