Stefan Zweig 1881-1942
Escritor austriaco de origen hebreo con una admirable trayectoria literaria que abarca novela psicológica y de aventuras, ensayo biográfico, relatos breves, artículos y crítica literaria. Hombre cultivado y cosmopolita, vivió la apoteosis cultural vienesa del primer tercio de siglo, llegando a hacer la elegía fúnebre de Sigmund Freud y Rainer María Rilke.
Tras distintos viajes por Europa, a expensas de su rica familia, volvió a Viena donde conoció al editor Kippenberg, que publicaría su inmensa obra. Por su postura pacifista se exilió a Suiza durante la Primera Guerra Mundial. Crítico del nazismo, se instaló en 1935 en Londres. Durante la Segunda Guerra Mundial, horrorizado y queriendo alejarse lo más posible de una Europa arrasada por los nazis, marchó a Brasil. Allí, en la ciudad de Petrópolis, deprimido y desarraigado, se suicidó junto a su antigua secretaria y segunda esposa, Lotte. Tenía 61 años y dejaba tras de sí una obra rigurosa, extraordinariamente amena, con gran éxito de público. Su entierro en Río de Janeiro congregó a miles de personas y tuvo honores de jefe de Estado.
En España, sus libros han sido publicados sobre todo por Editorial Juventud y en la actualidad la espléndida editorial Acantilado está recuperando muchas de sus obras. Literalia recomienda sus novelas Noche fantástica, Veinticuatro horas en la vida de una mujer o La embriaguez de la metamorfosis; entre sus ensayos destaca el fascinante estudio de la condición humana llamado La lucha contra el demonio, dedicado a Nietzsche, Hölderling y Kleist; también son muy conocidos sus Momentos estelares de la Humanidad, colección de catorce miniaturas históricas en las que despliega su enorme erudición y encanto para transmitir la emoción de los hitos históricos. Pero las tensas narraciones de Zweig encuentran su cénit en el género biográfico, una mezcla de novela, crónica, estudio psicológico y tratado de filosofía que maneja con precisión y en adecuadas dosis. Escribió sobre María Estuardo y María Estuardo, sobre Vespuccio y Magallanes, pero sus máximos logros son probablemente las biografías de Erasmo de Rotterdam, Fouché y Balzac.
Apasionado, nada pedante ni pretencioso, indaga en la conciencia de los personajes a través de su conducta y busca la verdad de las cosas a través de una equilibrada composición y con un estilo magistral. De esta manera llegó a millones de lectores de toda condición. Él mismo dio la clave de su éxito en su autobiografía: “El inesperado éxito de mis libros proviene en última instancia, según creo, de un vicio personal: que soy un lector impaciente y de mucho temperamento. Me irrita toda facundia, todo lo difuso y vagamente exaltado, lo ambiguo, lo innecesariamente morboso de una obra. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos los encuentro sobrecargados de descripciones superfluas”.
Witold Gombrovicz 1904-1969
Es uno de los grandes renovadores del lenguaje del siglo XX. Personaje solitario y marginal, fue un escritor caprichoso y versátil que sorprendía y fascinaba con cada una de sus creaciones. Como Zweig, el polaco Gombrovicz abandonó su país cuando éste fue invadido por los nazis. Sin los recursos de su acaudalada familia, recaló en Buenos Aires, donde sería acogido con veneración y conocido como Witoldo. Como Zweig también, se casó con su secretaria.
Conoció el éxito internacional en los años 60 con la publicación de la traducción francesa de Pornografía, y se consolidó cinco años después gracias a la buena acogida que obtuvo Kosmos. Sus tres piezas teatrales –Yvonne, princesa de Borgoña (1938), La boda (1953) y La opereta (1966)– entraron a formar parte del repertorio de varios teatros europeos de prestigio. En 1963 recibió una beca que le permitió volver a instalarse en Europa, primero en Berlín y luego en el sur de Francia, donde pasó los últimos cinco años de su vida.
Había debutado en 1933 con siete breves relatos titulados Memorias del periodo de la inmadurez, pero el reconocimiento le llegó gracias a Ferdydurke, una novela muy actual que ataca los nacionalismos. Sus cuentos, como Batakai, representan una interesante exploración literaria. Las dos últimas narraciones que publicó, Pornografía y Cosmos, le sitúan entre los grandes escritores contemporáneos. Tal vez lo más conocido, y lo más citado desde luego, son sus Diarios, una obra de más de 700 páginas escritas en un tono similar al de Cesare Pavese y dedicadas sobre todo al oficio de escritor y el fenómeno de la escritura.
El libro que nos trae Gonzalo Escarpa es ya un clásico. Se trata de un ataque, un manifiesto frente al manierismo “maravilloso y muy divertido” llamado Contra los poetas. Está editado en la colección Mate (por la hierba) de Buenos Aires, que está a cargo de Arturo Carrera, uno de los poetas vivos más importantes argentinos. Escrito en formato de conferencia para ser leído, contiene un prólogo a modo de declaración de intenciones en el que el autor destaca que no es necesario utilizar términos preciosistas para hacer poesía, pues cualquier palabra es susceptible de ser poética, como dijo César Vallejo.
Como dice Merino, honra al poeta Escarpa reseñar un libro con semejante título.
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