Existen dos tipos de libros de aventuras: los que cuentan las hazañas de algún personaje real o ficticio y las experiencias de viaje, bien sea en la persona del viajero o el relato emocionado de lo que ve con sus ojos.
Si Robert Louis Stevenson pudo escribir La isla del Tesoro fue gracias a que a los 38 años, enfermo de tuberculosis, viajó a los Mares del Sur en busca de un clima más benigno para sus pulmones. De su imaginación, y la de su ahijado Lloyd Osbourne, con quien llegaría a firmar alguna colaboración, nació esta obra maestra de aventuras, pero en los cuatro años que le quedaron de vida escribió también un exquisito libro de viajes, otro clásico esta vez de no-ficción, que lleva por título En los Mares del Sur y como subtítulo Relato de experiencias y observaciones efectuadas en las islas Marquesas, Pomotú y Gilbert.
Tras recorrer estos archipiélagos en la primera etapa de su periplo, Stevenson recaló en las Samoa –también conocidas como Islas del Navegante- y allí se quedó el “tusitala”, como le llamaban los nativos, pues esa palabra designa precisamente al “narrador de cuentos” que toda comunidad feliz debía tener.
También en el Pacífico, donde pequeñas islas surgen de la inmensidad oceánica como restos de un paraíso perdido, situó Alberto Vázquez-Figueroa una de sus mejores novelas. El genial y prolífico escritor español, navegante e isleño él mismo, eligió el último escenario virgen del planeta para trazar una historia atemporal sobre un héroe y su princesa, aunque perfectamente situada en la cultura polinesia. Bora-Bora habla de pacíficos polinesios y crueles invasores piratas. Del secuestro de una joven de estirpe regia y la hazaña de unos jóvenes que van a rescatarla. Lejos de tópicos y cursilerías, el libro es un riquísimo testimonio y una fantástica novela de un autor desigual, que cuando escribe no siempre acierta.
Escarpa y Merino han elegido también a Malcolm Lowry y Joseph Conrad como genuinos representantes del género. El primero hizo su primer viaje a Extremo Oriente con 19 años y sobre aquella dura singladura escribió Ultramarina, la obra que traemos a este programa como libro de iniciación y trasunto de la personalidad del autor de la celebérrima Bajo el volcán. La vertiente poética la encontramos en el Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand, y, cómo no, en ese monumento literario que constituye La Eneida.
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