De él el escritor Ángel Olgoso ha dicho: “Miguel Ángel Zapata es un funambulista de lo onírico, un titiritero de lo insólito, un taxidermista inverso capaz de animar lo inanimado; es el descendiente natural de Ramón Gómez de la Serna, de A. F. Molina y de Rafael Pérez Estrada, y los textos mínimos y efervescentes de Baúl de prodigios se nos aparecen como el destilado perfecto de los atributos de estos tres maestros: la pura invención atropellada, la vida recobrada de los objetos y el encanto lírico y humorístico de la prosa.
Me gusta pensar que Miguel Ángel Zapata desconfía, como yo, de la narrativa de colosales avenidas poblada de estruendo y desmesuras arquitectónicas; que ambos preferimos el sortilegio de lo minúsculo, el recogimiento del jardín secreto, los pequeños senderos donde corretean criaturas diminutas y el rocío tiembla en las telarañas. Me gusta pensar que Miguel Ángel Zapata, como uno de sus personajes, ha pescado reflejos de luna, y que de la red de su portentosa imaginación, colmada de capturas vivísimas y coleantes, nos llegan ahora estos textos maravillosos, listos para ser degustados uno a uno con fruición.
Miguel Ángel Zapata Carreño se expone a nuestras doce preguntas.
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